martes, enero 24, 2006

Pensando en vos...escribiéndote a ti

Ironías y contradicciones de la globalización: el almacenero anticapitalista de a la vuelta de mi casa no entiende ni una puta palabra de lo que le digo. Le pido seboyas y nada... le agrego mímicas y gestos a mi pedido de seboyas y nada...cojo las seboyas y nada...
Sin embargo al rato recapacita y se le da por afirmar Ahhh, Zebolias!.
Moraleja: El tipo no puede venderme cebollas porque aparentemente no entiende lo que le pido y mientras me mira extrañado posa su torso en un mostrador atiborrado de tres variedades de yerba mate y polenta.


[...]

Me rehuso a vislumbrar los estragos que el paso del tiempo hará con mi lengua nativa. Sin embargo, mi resistente combativa declinará tarde o temprano si pretendo lograr que mis mensajes lleguen a destino sin ningún tipo de ruido.
Ando con problemas de canal y código diría Kierbrat Orechionni. [1]
Como todo no nativo en un país de nativos, tengo problemas para hacerme entender.
Es evidente que existe un problema de canal: mi falta de modulación también se ha trasladado a estas latitudes y el tiembre de mi voz resuena en un sinsentido lineal indescifrable que se expande por estos aires y penetran en oídos ajenos a tanta rareza tonal.
Pero mayormente se trata de un problema de código. Como dijo Travolta en Pulp Fiction, "son las pequeñas diferencias".
Aparentemente tenemos un problema con la ye en un país donde se practican las elies.
¿Será por eso que nunca encuentro las cayes?
¿O porque siempre busco cuadras mientras lo único que hago es marearme con la irregularidad urbanística?
A veces siento que jamás le podré sacar jugo a un lugar en donde todos toman zumo.
Quizás nunca pueda instalarme definitivamente acá si todo el mundo habla de aquí.
Y ni siquiera puedo enojarme y mandarlos a todos a la concha de su madre, porque jamás se ofenderían.
Incapáz de correrme de la línea, debo aceptar sin embargo, como se la pasan cogiendo todo el día.
Me resisto a aceptar la deformidad de mi habla y acabar como un hablante sin acento, una incomprendida verbal en donde quiera que hable, con el híbrido propio de la identidad perdida o de la nunca alcanzada.

[1] Nota: para quienes no conocen a esta autora, no dice nada interesante y quienes la conocen, coincidirán conmigo (excepto Cati, que con una mueca indignada argumentará ¡Más Respeto Che con la Lingüística!).

2 comentarios:

  1. MI hermano esperó durante 15 minutos que el farmaceutico se diera que cuenta que Baya-aspirina era igual a "aspirina" (a secas). Sr. competente detrás del mostrador de una farmacia de León consultaba y consultaba en el Vademecum.
    Mi humilde opinión es que el ruido está dado por problemitas de comprensión, bastante importantes.

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  2. No Marina, definitivamente tenés que mantener tu acento bonaerense tirando al segundo cordón, y salvar las brechas sociolingüiticas con desparpajo y siliconas: o sea, como Anabel Cherubito, pero al revés.

    Y por cierto: respetá!

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